Llueve a cántaros y vientos de hasta 120 kilometros por hora, tormentón. Las niñas están durmiendo la siesta, y Mariana se ha quedado frita en el sofá. Aprovecho el mal tiempo y la pausa en lo cotidiano para escribir una entradita, no vaya a ser que se nos quede el blog en desuso de nuevo. Con el año que pasamos, de idas y venidas, de estreses estúpidos y proyectos fallidos, pero también de sentimientos intensos y decisiones emocionantes, nos hemos despistado un poco. Y, de repente, Carmen ya no usa pañales.
Caetana hizo la transición en verano, de modo que los pocos accidentes que hubo se resolvían fácilmente, en casa o en la calle. Se podía dejar a la niña en pelota picada en la calle, que no pillaba un resfriado. La ropa se secaba rápidamente. Gran parte de la transición la vivió en la playa, de modo que las meaditas de Caetana pasaban desapercibidas al lado de la inmensidad acuática del Océano Atlántico. Tal vez el echo de ser invierno haya contribuído a que no nos hayamos hecho a la idea de que Carmen ya estaba en edad de dejar los pañales. Por eso, cuando el otro día nos dijeron en la guardería que empezáramos a llevar bragas y a intentar que Carmen hiciera pis y caca en el baño, no estábamos muy convencidos. Nos desperezamos un poco, y le quitamos los pañales en casa. Todas las alfombras fueron meadas en mayor o menor medida. Se podían hacer escenas de CSI con la direccionalidad de los chorros de pis de Carmen por los pasillos. A veces nos avisaba, ya demasiado tarde, de que tenía pis, y nos encontrábamos con un regalito en las bragas. A veces el regalito viajaba hacia el sur por dentro de los leotardos, y nosotros teníamos que ir a la caza del tesoro. En fin, que Mariana y yo nos miramos y dijimos: los de la guardería son tontos, esta niña no está lista para dejar los pañales. Lo comentamos con la educadora y con las asistentes, y nos dijeron que tuviéramos confianza, que Carmen estaba lista, pero que teníamos que anticiparnos a ella. Que pusieramos en el perico a Carmen cuando lleváramos a Caetana al baño; que la pusiéramos en el perico antes y después de cada comida; que le preguntáramos si quería ir al baño con mayor frecuencia... Así lo hicimos, y añadimos el aliciente que hizo de nuestro perico una obra de referencia internacional en materia de collage ya en los tiempos de Caetana. Las pegatinas (véanse las fotos).
Cada vez que Carmen fuera al orinal e hiciera algo -grande o pequeño-, podía pegar una pegatina en él. Teníamos unas de las princesitas Disney, óptimas para nuestros objetivos. Meada, pegatina y fiesta, hasta Caetana venía a felicitar a Carmen y le ayudaba a poner las pegatinas. Despedíamos el material en su viaje al mar, mirando todos por la baza abajo. Y en dos días ya llevábamos y traíamos a Carmen sin pañal de la escuela, en coche o en metro, con o sin muda de ropa, con los cojones de corbata siempre, pero valientes ante la posible adversidad de un asiento de metro meado o ir perfumados para casa. Somos padres o ratones?
Carmen va por el mismo camino que Caetana, un adiós a los pañales rápido y conciso. Si bien Caetana ha recaído y ahora lleva pañal por la noche. Se meaba 2 de cada 3 noches y no nos daban las lavadoras ni las sábanas/mantas para tanto meo. Ahora ya se mea sólo 1 de cada 3, pero aún no nos atrevemos a quitarle el pañal nocturno, porque cuando lo hemos hecho han vuelto las series de 2/3 y 3/3. Yo mismo fui un meón hasta tarde, espero que nuestras hijas abandonen esta tradición familiar antes de lo que lo hice yo, porque no vamos a ganar pa pañales o detergente de lavadora. Si no, pues nada, a tener paciencia como la tuvieron mis padres antes que yo... y ellos tenían a cuatro no a dos... y colchones de lana... ya me estoy desviando del tema... a lo que voy: pero qué orgullosos estamos de Carmen, por dios!!!
De meona a meón... sólo espero que no sea hereditario, pri!!! Ánimo!!!!
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