Procrastinate es un verbo inglés de origen latino, pero nosotros de algún modo hemos perdido la palabra. Es decir, procrastinar está en el diccionario de la Real Academia, pero nunca la he oído ni leído más que en inglés. Con lo útil que es!. Significa hacer cosas irrelevantes cuando se tienen cosas más importantes que hacer. Por ejemplo, escribir en un blog cuando estamos en horario de trabajo; jugar al risk on-line cuando deberíamos estar preparando la documentación para registrar el matrimonio en España; leer a Ludlum en mi nuevo y flamante Kindle cuando debería estar comprando mi próximo billete para Asturias.
Hemos vuelto de unas navidades geniales entre Lisboa y Asturias. Se lo crean o no, unas navidades que han sabido a vacaciones. Pero aquí estamos, procrastinando, con pocas ganas de currar y muchas de saturarme de ocio. Este año fue muy duro, mucho estrés, mucho trabajo y rentabilidad limitada, eufemísticamente hablando. No tengo claro que la parte económica compense los esfuerzos que hemos hecho. Con la moral por los suelos, teníamos poca esperanza de que terminara bien. Así que en un momento de locura, decidimos tomar al destino por los h*(/&%$ y compramos un conejito para la escuela, porque el anterior se había muerto hace un mes. Como en la escuela no estaban preparados para la sorpresa, el conejito tuvo que quedarse en nuestra casa una semana, y su estancia será recordada por todos, por mucho tiempo. Hasta por Carolina, nuestra gata, que hizo buenas migas con él rápidamente. Caetana dijo al respecto: "Ah!! Mamá, si Carolina es una menina, y el conejito es un menino... será que se casarán?". Tres años, ojo al dato.
La cena de navidad estaba riquísima y la compañía -la familia de Mariana- encantadora, pero poco pude comer, beber o hablar, porque me asaltaron unas anginas como no veía desde mi niñez. Me tuve que echar en la cama, febril, durante buena parte de la cena, levantándome sólo para ver a las niñas abrir los regalos. Los regalos fueron estupendos. Las niñas rasgaron papel de regalo como para una boda!!! Recibieron colores y cuadernos, un kit para cultivar flores, ropa, puzzles,... pero creo que el regalo de Filipe y Madalena, la hermana de Mariana, merece una mención especial. Hicieron un cuaderno de colorear a partir de fotos de los primos. Los portugueses, obviamente, porque mi familia parece un poco reticente a repoblar el planeta. Básicamente, magnificaron fotos de los primos, calcaron las líneas principales por ordenador, y dejaron el resto en blanco. De esta forma da para reconocer a los primos y al mismo tiempo tienen espacios para colorear con gran detalle. La locura para las niñas.
Al día siguiente yo no había mejorado mucho, y a Caetana le encontramos las primeras ampollas de lo que, poco después descubriríamos, era Varicela. Como consecuencia, no pudimos asistir a la comida de navidad de los tíos de Mariana. Comimos una triste merluza cocida con patatas, sólos en casa. No sé si mis anginas me alteraron la percepción o no, pero sentí la comida un poco desangelada y sin sabor. No es lo mismo pasar las navidades sin follón!!! Nos planteamos postergar el viaje a Asturias, y avisamos a todo el mundo para que no nos esperaran en la fecha prevista, lo cual tampoco fue agradable. Parecía que se nos torcía la navidad, adecuado colofón para un año de m&$?^*!!!. Sin embargo, Caetana pasó por la varicela sin fiebre, sin rascarse y sin gran número de ampollas, lo cual nos animó a retomar nuestros planes de viaje. El antiviral que le dimos probablemente ayudó a aliviar los síntomas. Cinco o seis días más tarde le tocó el turno a Carmen, pero esta vez, alertados, comenzamos el tratamiento en cuanto apareció la primera ampolla. La diferencia con respecto a Caetana fue notable. No sólo no tuvo fiebre ni picores ni nada, sino que el número de ampollas fue varias veces menor que el de Caetana. Así que con Carmen todavía infecciosa y Caetana recuperando, nos fuimos para Asturias el mismo 31.
Salimos muy tarde, a eso de las dos de la tarde, y en España es una hora más que en Portugal. Lluvia torrencial todo el viaje, visibilidad baja o nula. El tiempo en minutos y el metereológico estaban en nuestra contra, y todo parecía indicar que íbamos a tomar las uvas/aceitunas en alguna estación de servicio. Además, el camino de Lisboa a Asturias es cuesta arriba. Pasamos del nivel del mar a subir la meseta y atravesar los Picos de Europa, para luego bajar brevemente. Y, a pesar de todo, no nos preguntéis cómo, llegamos a las 23 horas a Morente, donde todos estaban todavía cenando. Habíamos cenado algo, pero no pudimos resistir atacar los langostinos y la ternera mientras nuestras niñas hacían de señuelo para la marabunta que es mi familia, atrayendo toda su atención. Comimos las uvas, hasta Caetana lo consiguió, toda concentrada. Abrazamos a amigos y familiares, llamamos por teléfono a los que no estaban ahí, charlamos un poco con los que iban llegando y despedíamos a los que se iban yendo... y 850 kilómetros, 7 langostinos, 12 uvas y una hora más tarde dejamos a las niñas a dormir en Morente y nos fuimos a tomar una cerveza con los amigotes a Oviedo. Aguantamos hasta las 5 de la mañana, y dormimos hasta las 12-13h del día siguiente. Como chavalucos, vamos.
Los siguientes días fueron bastante relajados en general. Vimos a un montón de gente, si bien no a todos (a los que nos faltaron, los compensaremos de algún modo). Nos pusimos un poco al día. Laura quiere volver a currar desesperadamente, Popi está pa parir, Mario y Petra se nos casan, la prima Ana va a buscar trabajo en Lyon, David es un golfo y un mujeriego, Guille volvió con Brandy, Valen es nivel 59 de nuestro juego favorito, Jeza se puso aparato en los dientes y le da vergüenza enseñarlo, Miguel no encuentra curro en Londres, Jose tiene un amago de ernia, Guille el de mi labo está estudiando medicina en Hungría y ha engordado un yo, Elsa está intentando adecuarse al nuevo curro, Ana y Marcos como siempre, muy guapos y simpatiquísimos. Bebimos sidra como esponjas. Comimos como glotones. Dormimos como lirones. Vidorra.
Las niñas estaban eufóricas, en parte debido a una sobredosis de chocolate y otras delicatessen, pero sobre todo a la atención que recibían de todos. Se acostaron todos los días a las 12 de la noche, y dormían hasta bien entrada la mañana, totalmente agotadas. Carmen en particular se expandía, como el universo. Estaba en todas partes, y no paraba de hablar. A partir del segundo día, Caetana decidió encerrarse en el cuarto del tío Dami, donde tenía una mesa para pintar, cortar y pegar justo en frente de una televisión. Tranquilidad y sosiego, sin una Carmen que la interrumpa o le robe las cosas o le ponga la mano enfrente del monitor. Claramente necesitaba espacio, y el único momento que tenía para ella sola es cuando llegaban a casa de Fiquin y Badiqui y se metía en la habitación a hacer sus labores. Pero al margen de esos momentos de autismo voluntario, Caetana estaba encantada con todo. Vieron y dieron de comer a las cabras y las vacas y los hurones. Pusieron las catiuscas, bajaron al río con el abuelo Fiquin, subieron monte arriba, buscaron piñas, castañas y bellotas. Fueron a la cabalgata de Reyes con Fiquin y Candela, vieron camellos y patos y les tiraron caramelos. Se tomaron un batido de chocolate. De los reyes ni hablamos: se pasaron 3 pueblos. No cabían en el coche. Los regalos estrella fueron las bolsas y las muñecas hechas a mano por la bisabuelita Carmen, la bicicleta sin pedales de Caetana, y la casa de muñecas de Carmen, regalos que no han tenido descanso desde entonces. Pero no sólo. Mariana y yo todavía estamos recuperándonos del shock de mi Kindle y su máquina de coser. Estábamos tan ahí, que las fotos las sacó todas Candela, así que no hay documento gráfico de nuestro apabullamiento. Nos encantó todo, y mereció la pena el coche abarrotado.
El viaje de vuelta fue rapidísimo, creo que batimos record, unas 8 horas con parada pa cenar y todo. El tiempo genial. Todo cuesta abajo. Llegamos a Lisboa a las 23 h, cuando habíamos salido a las 15 h, pero recordad que en Portugal es una hora menos!!!. Mientras Mariana organizaba las cosas y las niñas, yo descargué todo el coche (3 pisos sin ascensor, para los nuevos en el blog). Todos jugamos un poco con nuestros regalos, y nos fuimos para la cama derrengados. Al día siguiente había escuela, trabajo, etc... Pero, por si no os lo esperábais, os comunico que hicimos poco o nada. En resumen, una gran entrada en el año 2013, que promete ser duro pero bonito.
Hay un episodio del viaje que tengo que describir o quedará olvidado en los anales de nuestra historia, y es demasiado bueno como para desaparecer en el olvido. Entre las cabras de Morente había una que tenía un defecto neural o muscular de nacimiento. El caso es que anda a trompicones, como borracha, no coordina bien las cuatro patas y apenas puede mover la cabeza, porque el cuello lo tiene corto, tenso y ladeado. Mientras el resto de cabras corre y salta por los peñascos como dardos, ésta renquea cuesta arriba y rueda cuesta abajo. Sólo Dios sabe cómo es posible que esté viva. Pero ahí está. Una vez, saliendo de Morente, nos la encontramos en medio de la carretera, muy lejos del redil y del resto de las cabras, con todo un monte por en medio. "Pobre", dijo Mariana. "Tenemos que cogerla y llevarla de vuelta". "No sé, Mariana, me da la impresión de que no va a ser tan fácil atraparla", dije yo. Pero a pesar de todo paramos el coche, y nos bajamos a coger a la cabrita. Cuál es mi sorpresa cuando veo que la pobre cabrita viene renqueando hacia nosotros con paso torpe pero firme, poquito a poco. Cuando casi la tengo a distancia de mis manos, la cabrita frena en seco y se da la vuelta, todo esto a cámara lenta, pero lo suficientemente rápido como para escapar a mi agarre. Yo la sigo, acelerando un poco el paso, pero no mucho para no asustarla, pobre cabrita. Y ella acelera a mi propio ritmo. La rozo con las yemas de los dedos constantemente, pero no consigo alcanzarla. Habéis perseguido alguna vez una gallina? La misma impresión, tú. Está ahí, al alcance de mi mano, es una puta gallina con un cerebro de garbanzo... así que porqué no puedo cogerla? Y no puedes, tú. Así que me dejo de sutilezas y me pongo a correr detrás de ella, directamente y sin calentamientos. Y la puta cabra se lanza a la carrera, se cae, da tres vueltas por el suelo, se pone de pie, sigue corriendo y aún no la pillo, joder. Ahora se encuentra parada, mirándome a unos 2 metros de distancia. Vuelve a acercarse a mí, lentamente y con su andar bebido. Le digo a Mariana que la acorrale por la derecha, porque estamos en cuesta arriba y le va a costar subir. La cabra se pone al alcance de mi mano, pero cuando la alargo rápidamente se da la vuelta, pega un brinco de 2 metros y se pone a correr hacia el monte, lejos de Mariana y de mi, como si nada. Mariana y yo nos miramos atónitos, nos volvemos al coche frustrados e impresionados por la habilidad de la puta cabra tullida, y cuando estamos listos para irnos, miramos por la ventana. La cabra minusválida estaba ya a mitad de monte arriba. Cágate, lorito. Mariana y yo creemos que se lo hace, que se ha montado el rollo de la minusvalía para dar pena o algo. Humillados, los macacos de cerebro pseudosuperior nos fuimos a tomar unas sidras para olvidar nuestra torpeza, aunque esta sea una historia para recordar y representar por décadas, casi sacada de "El arte de la guerra" de Sun Tzu: "Nunca subestimes a tu oponente" o algo así.
Y para terminar con otra nota alegre, y ya que no tenemos muchas fotos de lo relatado, ahí van unas fotos guapas de las niñas y nuestras. Feliz año 2013!!!



Qué bien leeros de nuevo!!!!! Me ha encantado!!!! Y cómo me alegro de que la casualidad hiciera que nos encontráramos, aunque fuera muy muy breve y me quedé con ganas de ver a las peques. Mil besos, familia.
ResponderEliminarAna
Que fotos!! no las había visto, preciosas! he llorado de risa con la cabra tullida de mentira XDDD
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