segunda-feira, 25 de março de 2013

Carmen es así

Sobrevivimos el finde contra todo pronóstico. Ni me acuerdo de lo que hicimos el sábado. Nos mudamos esta semana a la casa nueva, y elegimos el domingo por la mañana para llevar las penúltimas cajas antes del día M. M de mudanza, M de muebles, M de mecagoentodoquéganastengodequesetermine. Tras tres tandas de cajas, tres habitaciones enteras de cajas, todavía hay objetos que empaquetar en casa. No hablamos de los muebles, que gracias al cielo nos los van a llevar unos profesionales, con camión equipado con elevador y todo. Hablamos de toda la tralla que se puede acumular en tres años de vida, que parece no tener fin. Desde que comenzamos a empaquetar y mover tralla, hace casi un mes, he adelgazado considerablemente. No sé cuántos kilos, mi indicador es sólo cualitativo: los últimos pantalones vaqueros que compré. Me quedaban tipo cowboy/torero, bien apretaditos en la cintura y la entrepierna, haciendo que el michelín rebose por encima y que el paquete tuviera que embutirse en una de las perneras. Ahora me quedan holgados, y el paquete respira a sus anchas en el centro de gravedad de los pantalones, aliviado :). Se agradece el ejercicio, la verdad. Aprovecho para agradecer también a Jean-Marc, Filipe y Fred la ayuda recibida, especialmente a Jean-Marc, que cargó tantas cajas como los otros dos y yo juntos.

Ah, sí, ya me acuerdo de lo que hicimos el sábado. El domingo por la tarde celebrábamos el cumple de Caetana y necesitábamos hacer las compras. Como también necesitábamos hacer las compras mensuales para que nos las llevaran al nuevo piso el jueves y comprar una cocina de gas para poder cocinar lo que compramos, fuimos de a una gran superficie a otra y tiro porque me toca. Planazo. Tras dejar a las niñas en la cama, hicimos las gelatinas y empaquetamos lo que nos quedaba para el cumple y la mudanza del día siguiente, respectivamente, y pa la cama. Al día siguiente, después de la mudanza, pusimos a las niñas en la cama, hicimos los pinchos y la tortilla, despertamos a las niñas, fuimos a por hielo al laboratorio para las bebidas y a la casa nueva a por una manta y una mesa para el picnic, y nos teletransportamos al parque donde habíamos citado a todos los invitados. Preparamos todo a la velocidad de la luz, saludamos a los que iban llegando y, como nos olvidamos los vasos en casa, tuvimos que ir al supermercado más cercano (a unos 5 minutos en coche) a comprar más. Y luego vino una tarde muy agradable y sin más trabajo que el de poner a las niñas a hacer pis aquí y allá. No nos llovió y la hierba no estaba extremadamente húmeda. Tuvimos mucha suerte, las predicciones del tiempo durante toda la semana daban entre 20 y el 80 % de probabilidad de precipitación, dependiendo del día y de la fuente que se consultara. El pastel de cumpleaños lo hizo Joana, y estaba riquísimo. Las velas se quedaron con los vasos, así que tuvimos que pedir una prestada en la cafetería del parque. Los lacasitos se quedaron con las velas y los vasos, así que los niños se quedaron sin suplemento de chocolate. Teniendo en cuenta la sobreexcitación de Caetana y Carmen a la hora de irse para la cama, agradecimos el olvido. Los regalos fueron todos geniales. Y no tenemos ni una maldita foto de todo esto, porque la máquina se quedó con los vasos, las velas y los lacasitos. Así que cuelgo una foto preciosa que puse en facebook recientemente, de cuando Carmen se fue a ver a la Orquesta Metropolitana de Lisboa con la guardería.



Aún después de llegar a casa, bañar, dar de cenar a las niñas y acostarlas, limpiamos la casa y los cacharros del cumple. Mariana dijo, coincidiendo con mi propia percepción del domingo, que no sabía cómo se podían hacer tantas cosas en un mismo día. O sea, que el finde fue de locos y, aunque terminó genial, estamos más agotados aún que de costumbre. Nos levantamos muy tarde, y yo con un dolor de cabeza terrible. Nos arreglamos, preparamos la tralla diaria, a la que los lunes se le añaden las bolsas de las niñas, montamos apurados en el coche, y Mariana y yo apenas hablamos durante el viaje a la guardería. Y ahí es donde comienza la anécdota de Carmen, que refleja en gran medida lo que dije en mi post anterior y que justifica todo esta parrafada.

Carmen y Caetana estaban hablando animadamente entre ellas, mucho más descansadas que nosotros, claro. Carmen se puso a cantar canciones de la escuela, animando a Caetana a que se uniera. Pero Caetana rara vez colabora con Carmen en este tipo de asuntos. Se considera demasiado mayor para hacer ese tipo de cosas, o bien le da algo de vergüenza, o bien simplemente se encuentra en su mundo. Así que Carmen se volvió hacia sus silenciosos y autistas padres.

-Mamá, canta conmigo.
-No puedo, cariño, que mamá está conduciendo.
-Papá, canta conmigo.
-Carmen, papá está muy cansado y le duele la cabeza, así que no puede cantar ahora.
-A mí no me duele la cabeza, puedo cantar?.

Y se puso a cantar. Y todos nos pusimos a cantar.


4 comentários:

  1. Tres, cielo, ya sé que eres un gran biólogo y mejor investigador... pero si algún día te cansas, déjalo todo y dedícate de escribir. Es un verdadero placer leerte, y eso que con el ritmito que llevas no creo que tengas mucho tiempo (pero aunque tengas poco sigue contándonos, ¡¡¡porfa porfa!!!)
    Muchos besos, familia
    Ana

    ResponderEliminar
    Respostas
    1. Muchísimas gracias, Ana! (eres Ana prima, no?:)).

      Eliminar
    2. Claroooooooo :))))) (Y ya me he leído el siguiente y también me ha encantado!!! Muchos besos a los 4!!!!

      Eliminar
  2. Aquí Ana no prima :-)aunque coincido en opinión, me parto!

    Mundial Carmen, lo que daría yo por tener un cuarto de la energía que tienen, haría grandes cosas

    ResponderEliminar