La cigarra, ese insecto perezoso que prefería tocar el violín a almacenar comida durante el verano. Ese vago que se metía con las laboriosas hormigas, acusándolas de falta de sentido del humor y de no saber aprovechar la mejor época del año. Ese bicho que sirvió durante años de analogía de cualquier persona cuyo prinicpal entretenimiento es rascarse la barriga en el curro. He aquí una foto de un ejemplar de adulto macho, tomada en mi propio instituto.
Uy, me equivoqué de foto. Ahí va una cigarra de las buenas. Es más grande de lo que parece en la foto.
Las únicas cigarras que había visto en mi vida eran las caricaturas de las fábulas infantiles. Como los dibujantes mediocres se suelen copiar unos a otros, en vez de ilustrar a partir de la realidad, y los otros siempre copian a Walter Disney, la imagen de la cigarra es más o menos la misma en todos los cuentos infantiles: un bicho verde con aspecto de saltamontes y un violín en la mano. Como se puede observar, nada parecido con la realidad. Mi primer verano en Lisboa me lo pasé buscando el origen del estruendo que salía de los pinos alrededor de mi lugar de trabajo. Parecían grillos afónicos mezclado con el sonido de un molinillo de café de los antiguos, pero el ruido era tan ensordecedor que aquello sólo podía ser un pájaro o un grillo del tamaño de un pájaro. Ni lo uno ni lo otro: eran cigarras, que son casi del tamaño de un pájaro. Ni más ni menos que cuatro centímetros de máquina de romper oídos. No sé a vosotros, pero a mí me dejó flipado el descubrimiento. Al parecer, los machos adultos son los que hacen el barullo. Pero tienen una buena razón para ello porque, una vez llegan a la madurez, sólo viven un verano. Si será por su famosa vagancia, no lo explica el diccionario, no saba no contesta. Pero la expresión "durar un verano" cobra así una nueva dimensión. Así que los machos cigarra se desgañitan desde el mismo comienzo de la estación, con la intención de atraer a alguna hembra antes de perecer. O sea, que las cigarras que oigo cada verano de camino al curro nunca son las mismas del verano anterior ni del siguiente. Aunque suenen igual a oídos de un inexperto.
Me siento una verdadera cigarra, no tengo un pijo de ganas de currar... Eso sí, qué bien me quedan las gafas, me siento un Dios de la intelectualidad. Creo que voy a hacer caso a Sergio y la siguiente vez voy directamente a por las de pasta :).


Te quedan muy bien Fede!! estás muy guapetón!!
ResponderEliminarTres, pues imagínate cómo deben de sonar las cigarras Magicicadas norteamericanas, que pasan 17 años (hay otra especie con ciclos de 13) inmóviles bajo tierra antes de salir a "hacer su agosto" y morir.
ResponderEliminarLas gafas, muy bien ;)